LA ULTIMA PARADA

 


 

Ya no ponía atención al camino, llevaba manejando 7 horas con solo 1 parada para usar el baño y comer algo ligero, lo acompañaba la música industrial en idioma ruso, no entendía mucho, pero el ritmo lo revitalizaba un poco, aunque comenzaba a ser monótono una vez que el sol se ocultó por completo en el horizonte, recorría esa última carretera solo, no se había topado con ningún otro vehículo en más de 2 horas.

 

Sentía ansiedad.

De repente quería fumar, pero hacía 10 años que había dejado ese terrible hábito y sabía que sería tiempo perdido si daba, aunque fuera 1 sola aspirada al cigarrillo, se repetía como siempre: 1 día más… ¿Pero acaso no había pasado más tiempo ya?

 

10 años desde el último cigarrillo, 9 años desde que murió su perro, 8 años desde que se alejó de sus amigos, 7 años desde que murió su madre, 6 años que se cambió de ciudad, 5 años en que renunció a su último empleo, 4 años desde que cambió de auto, 3 años que se separó de su ex novia, 2 años desde que le diagnosticaron cáncer…

 

Ahora llevaba un año más, quizá un año menos, hacía tiempo que había planeado hacer ese viaje, simplemente se encontró en la carretera, había salido de su casa hacía unos 500 kilómetros, no tenía un destino específico, sólo buscaba no pensar, callar esas ideas en su cabeza, el dolor se había convertido en la única constante en su vida, que de cierto modo había dejado de ser tediosa, sólo quería dejar todo atrás, por años no lo pudo hacer.

 

Siempre surgía algo; la vejez de su madre, el cuidado del perro, las salidas con los amigos, sólo buscaba un pretexto para irse, para abandonar eso que se había convertido en su vida, pero que, en el fondo, sabía que no era lo que deseaba, las comidas de fin de año, los abrazos, los sentimentalismos, ya no los soportaba, quería estar en paz, en silencio, sólo consigo mismo, como si fuera la única persona que de verdad lo escuchara y lo comprendiera.

 

Las cosas dejaron de importarle cuando murió su madre, no lo admitía pero eso lo derrumbó, de nuevo la idea de fumar, pero lo pudo resistir, en cambio comenzó a hacer ejercicio, corría a diario 5 kilómetros, esa primera tarde después de la cremación, se puso en marcha, se calzó los tenis y la ropa deportiva, los primeros 50 metros sintió como el cuerpo no respondía, ese ardor en las piernas, la visión borrosa, la falta de aire y después las náuseas, hasta que vomitó, sintió la primera arcada y se sintió vulnerable, se lamentó el no haber tenido el hábito del ejercicio desde joven. Pero con el paso de los años cambió, su condición física mejoró al grado que parecía 10 años más joven.

 

Por fin hizo la última parada, en un restaurante al pie de la carretera, claramente no tenía alojamientos, planeaba cenar y dormir en el auto, nuevamente se vio frente a la cena, estaba fatigado no pensaba en el futuro, estaba justamente centrado en sus necesidades del momento, alimentar su cuerpo, hidratarlo, incluso asearlo, esa noche no dormiría en su cama, ni en la comodidad de su apartamento, sin la seguridad de saber que ocurriría mañana, se estaba dejando llevar, era lo que su necesidad le dictaba.

 

Comió hasta quedar satisfecho, incluso bebió café, no seguiría manejando, planeaba leer durante la noche, al día siguiente no iría a trabajar, así que no importaba la hora a la que se despertara para continuar su viaje, se había librado de la cadena de un horario de entrada, pero no de salida, del tener que mandar emails, que sonreír a extraños en un edificio, de pensar que si no entregaba un proyecto todos estarían sobre él, se sintió más ligero.

 

Al fin reclinó el asiento delantero, podía ver las estrellas por el costado izquierdo de la ventanilla del auto, el cielo no era negro, en realidad tenía un tono azulado, algunas parecían brillar y apagarse después, al seguirlas contemplando sonrió, hacía años que había tocado la idea de un día salir y no regresar y al fin lo estaba haciendo, saco su libro: Robinson Crusoe. Siempre escuchó esas historias sobre personas que pudieron sobrevivir en alguna isla desierta, debido a algún naufragio o castigo… ¿Él sería capaz de hacerlo? Sin alguna herramienta o sin la forma de encender fuego para cocinar algún molusco, que diablos ni siquiera sabría como limpiarlos para poder comerlos… Todo se limitaba a alguna fantasía, plasmada en un relato de supervivencia.

 

Al fin pudo dormir.

Su padecimiento no lo había limitado, extrañamente podía soportar el dolor, había decidido rechazar parte del tratamiento, no quería verse imposibilitado físicamente, el dolor era sólo una incomodidad, justo como tener una semilla entre las muelas, podía hacer prácticamente todo, excepto volver a correr. Era como si entre ambos hubiera una tregua, el dolor no desaparecía, pero estaba ahí, para recordarle que aún seguía vivo.

 

 

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