LA LUNA ROJA
- ¿De dónde eres?
- De Perú
Era obvio que sus rasgos no figuraban con los del centro del país, por eso le dio curiosidad, de lejos se sintió atraído por el color de su piel bronceada y los ojos claros.
- Tu acento no te delata.
- No, llevo viviendo aquí unos 10 años.
- 10 años es ya un tiempo…
- Llegué para estudiar mi carrera profesional en la UNAM y decidí quedarme a vivir aquí me acostumbré al ritmo de la vida, al ruido e incluso a la violencia de la ciudad, mis padres vienen a visitarme una vez al año.
- Imagino que los extrañas.
- En realidad, quería estar sola, ser independiente y parece que me tocaba.
- La verdad es que cada sábado por la tarde te he visto por aquí y quise hablarte.
- Sí? Siempre vengo a observar el atardecer de este lado de la alameda, me gusta estar aquí, ver el movimiento de la gente con sus hijos o sus parejas, caminando, por que en ese momento no importa nada más, solo caminan, platican, sonríen, se compran un helado, escuchan al payaso contando chistes, están felices durante esta parte del día.
- Sí, yo suelo venir a leer, no me gusta hacerlo encerrado en mi casa, aunque llegar hasta acá me toma casi hora y media, pero también me gusta el ritmo de la ciudad llena de gente, es a la vez conflictiva, alberga años de historia, de felicidad y sufrimiento, pero el ver la luz del sol a través de las hojas de los árboles es mi afición preferida…
- ¿Por qué te gusta ver el sol a través de las hojas?
- Me siento en paz, es como si nuestro tiempo no pasara, pero a la vez como si la naturaleza me mostrara que el paso del tiempo seguirá siendo eterno, es decir, nosotros concentramos el tiempo en una unidad medible, pero para los árboles, para las piedras, para el agua, el tiempo no existe, todos están aquí y cuando llegue el momento se transformarán, en un lápiz, en una fuente o en una bebida para un anciano sediento, pero de algún modo volverán a lo que eran, el agua dejará de ser agua del río, pero quizá se integre al agua del mar, la madera de pudrirá, pero regresará a la tierra, solo puedo pensar que al ver al cielo a través de las hojas de los árboles, me visualizo tan pequeño, tan fugaz que trato de disfrutar precisamente esa fugacidad…
- Jamás lo podría pensar así, a mi me gusta más estar con la gente, platicar, pero sobre todo escucharles, siempre hay algo interesante e incluso conmovedor que oír, una vez una señora me contó que de niña no tenía zapatos y que jugaba con unas calabacitas a que eran sus muñecas y que cuando tuvo a sus hijos siempre trató de darles lo que ella no tuvo, creo que eso es muy común, ofrecerle a tus hijos para compensar tus carencias, pero no siempre sale bien.
- No, creo que no siempre, ya ha anochecido, ¿escuchaste que en 15 días se verá la luna roja?
- Sí, creo que esa noche habrá mucha gente aquí ya tarde, vas a venir?
- ¡Claro! De hecho pienso tomar algunas fotos, quizá en el futuro las pueda vender o quizá sólo tenerlas como recuerdo, cuando también tenga mis propios hijos, pero aún falta mucho para eso.
- Mi abuela siempre me decía que debía aprovechar el tiempo, que no podía quedarme acostada todo el día, incluso que para el descanso había un límite, mi abuela siempre trabajo en el campo, estaba habituada a moverse todo el tiempo, después del trabajo tenía que atender a su esposo, a su familia, no tenía tiempo de enfermarse… Creo que por eso yo también soy así, no me detengo hasta que las cosas que se deben hacer, están hechas… Entonces pienso que cuando uno está ocupado la vida se pasa más rápido… Así que cuando menos lo pienses te verás con 2 hijos jajaja…
- Jajaja, no lo sé nunca lo he pensado, apenas tengo 20 años…
- Hay niños de 16 ños que ya son padres…
- ¡Ya sé! Jajaja.
- Nunca digas nunca…
- Bueno, entonces nos vemos el otro fin de semana?
- Sí, aquí estaré.
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